La lectura pausada, la atención y la complejidad de los textos son el centro de la reflexión que Christopher Domínguez Michael plantea en su ensayo “William Marx o el último mohicano”. Publicado el 1 de noviembre, el texto advierte sobre las presiones que, a juicio del crítico, ejercen las redes sociales, la inteligencia artificial generativa y la simplificación de la literatura.
El ensayo parte de las ideas del profesor y ensayista francés William Marx, quien impartió el 22 de octubre la conferencia “Comment sauver les textes? (¿Cómo salvar los textos?)” en El Colegio Nacional. Marx sostuvo que la lectura es indispensable para que los textos existan y expresó su preocupación por la pérdida de tiempo, concentración y disposición para abordar obras complejas.
Domínguez Michael presenta al lector atento como parte de una comunidad que corre el riesgo de volverse minoritaria. En su análisis, las redes sociales dispersan la atención, mientras que la inteligencia artificial generativa plantea nuevas preguntas sobre la autoría humana y el lugar de los libros.
El autor también cuestiona que la simplificación se extienda a la prosa literaria. Para ilustrar su argumento, compara estilos de distintos escritores y sostiene que el léxico narrativo y la elaboración de la lengua han perdido riqueza, aunque reconoce que existen excepciones.
Otra preocupación del ensayo es la tendencia a juzgar las obras principalmente por sus implicaciones morales o políticas. Frente a ello, Domínguez Michael retoma la propuesta de leer antes de condenar y de mantener abierta la posibilidad de encontrar extrañeza y complejidad en textos difíciles o incómodos.
El texto concluye con una defensa de la lectura como práctica que merece tiempo y atención. Su llamado no es a rechazar la tecnología ni la literatura ligera, sino a preservar el encuentro cuidadoso con los libros y la diversidad de interpretaciones que pueden suscitar.






