Mucho antes de recibir el Premio Nobel de Literatura 2026, Anne Carson ya había convertido el desplazamiento en una forma de creación. En 1983, la poeta canadiense atravesó los Pirineos desde Saint-Jean-Pied-de-Port, en Francia, hasta Santiago de Compostela, y continuó después hacia Fisterra.
El recorrido, realizado entre el 20 de junio y el 26 de julio de aquel año, dejó una huella decisiva en su obra. Carson no escribió una crónica convencional del Camino, sino una indagación sobre el paisaje, los peregrinos, la memoria y la búsqueda interior.
Un viaje convertido en escritura fragmentaria
La experiencia quedó reflejada décadas más tarde en “Tipos de agua. El Camino de Santiago”, texto incluido en Plainwater, publicado originalmente en 1995. La obra adopta la apariencia de un diario de peregrinación, aunque se distancia de la narración autobiográfica directa.
El libro reúne anotaciones breves vinculadas con los lugares del trayecto, referencias literarias y reflexiones sobre el acto de caminar. En sus páginas conviven elementos de las tradiciones clásica, medieval, japonesa y contemporánea, sin someterse a una estructura narrativa convencional.
Esa mezcla de géneros y épocas es uno de los rasgos centrales de la escritura de Carson. La autora combina poesía, ensayo, traducción y reflexión académica para construir una obra en la que la experiencia exterior se transforma progresivamente en un viaje interior.
Avanzar también es una forma de buscar
En “Tipos de agua”, el Camino aparece como un territorio de observación y desplazamiento, pero también como un espacio de incertidumbre. Carson se detiene ante paisajes, puentes y elementos de la tradición jacobea para abrir preguntas que van más allá de la descripción del lugar.
El trayecto concluye en Fisterra, donde el Camino llega físicamente al océano. Ese límite geográfico funciona en el libro como otra interrogante: llegar no significa necesariamente encontrar una respuesta, y continuar avanzando puede ser tan importante como alcanzar el destino.
La intimidad también ocupa un lugar particular en la obra. Carson parte de una experiencia personal, pero evita convertirla en una confesión directa; en su lugar, preserva zonas de silencio y deja que las referencias, los fragmentos y el paisaje conduzcan la reflexión.
Una nueva lectura tras el Nobel
Carson ya había recordado aquella travesía en 2020, cuando recibió el Premio Princesa de Asturias de las Letras. En esa ocasión mencionó su recorrido a pie por España en 1983, una experiencia que con el paso del tiempo adquirió un lugar relevante dentro de la lectura de su obra.
El 8 de octubre de 2026, la Academia Sueca le concedió el Premio Nobel de Literatura por una obra descrita como audaz e inventiva, construida en diálogo con la tradición clásica y orientada a crear nuevas formas para la literatura contemporánea.
A partir de ese reconocimiento, su peregrinación española puede leerse como algo más que el registro de un viaje. Es el punto de partida de una escritura que convirtió el movimiento, la búsqueda y la incertidumbre en materia literaria.






