Dos episodios registrados durante la temporada electoral de 2026, uno en Italia y otro en Brasil, muestran cómo la desinformación política ha evolucionado hacia mensajes de baja intensidad que apelan a imágenes, símbolos religiosos y códigos culturales. En ambos casos, el contenido no necesitó presentar una acusación explícita para influir en la percepción pública.
La inteligencia artificial facilitó la alteración de una imagen de la política italiana Matilde Siracusano, mientras que en Brasil circuló un rumor falso que vinculaba al candidato Flávio Bolsonaro con la supuesta intención de retirar a Nuestra Señora de Aparecida el título de patrona del país.
Una imagen manipulada en la campaña italiana
A finales de septiembre, durante la campaña por las elecciones parciales de Reggio Calabria, Roberto Vannacci compartió una imagen alterada digitalmente de Matilde Siracusano, integrante de Forza Italia. La modificación cambió su vestimenta para mostrar un escote pronunciado que no aparecía en la imagen original.
La publicación provocó críticas de dirigentes políticos y de la propia Siracusano. Vannacci sostuvo que la imagen procedía de un blog satírico, una explicación que trasladó la responsabilidad hacia una plataforma externa y dificultó la identificación del origen directo del contenido.
El caso evidenció cómo una alteración visual puede atacar la imagen pública de una candidata sin formular una acusación política concreta. La sexualización de la figura femenina funciona como una señal no verbal capaz de activar prejuicios y desviar la discusión electoral hacia la apariencia personal.
Un rumor religioso en Brasil
En Brasil, durante los días previos a la primera vuelta presidencial del 4 de octubre, se difundió la versión falsa de que Flávio Bolsonaro apoyaría retirar a Nuestra Señora de Aparecida el título de patrona del país. El candidato negó la afirmación y calificó el contenido como una mentira difundida durante la campaña.
La controversia adquirió relevancia porque la imagen de Nuestra Señora de Aparecida está asociada con la identidad religiosa de amplios sectores de la sociedad brasileña. La circulación del rumor llevó a la intervención de autoridades electorales y generó decisiones judiciales contradictorias sobre la permanencia de las publicaciones en internet.
El episodio mostró que una afirmación falsa puede adquirir fuerza política cuando se vincula con símbolos de pertenencia colectiva. Aunque el contenido fue desmentido, su efecto inicial se produjo antes de que las autoridades y los equipos de campaña pudieran responder de manera coordinada.
Tres patrones de la nueva desinformación
- Manipulación de baja intensidad: mensajes que parecen bromas, sátiras o provocaciones, pero afectan la imagen de un adversario.
- Traslado de responsabilidad: contenidos difundidos desde blogs, cuentas anónimas o plataformas intermediarias para dificultar la atribución.
- Ataques a la identidad: uso de la apariencia física, la religión y otros símbolos culturales para activar reacciones emocionales.
Los dos casos también reflejan una desventaja institucional: la respuesta jurídica suele llegar después de que una imagen o un rumor ya alcanzó a miles de personas. En Italia, la eventual sanción no elimina el impacto inmediato de la fotografía manipulada; en Brasil, los fallos contradictorios agregaron incertidumbre sobre la forma de enfrentar la circulación del contenido.
La evolución de estas prácticas plantea un desafío para la regulación electoral y para las plataformas digitales. Ya no se trata únicamente de identificar afirmaciones abiertamente falsas, sino de reconocer mensajes que operan mediante insinuaciones, códigos visuales y símbolos capaces de moldear la opinión pública sin presentarse como información formal.






