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Creatividad y unión familiar destacan en el concurso de calabazas del Colegio Amauta

El Colegio Amauta de Landázuri, ubicado en la colonia Clavería de Ciudad de México, celebró su quinto concurso anual de tallado de calabazas con la participación de familias que presentaron diseños inspirados en Halloween, criaturas mitológicas, personajes de ficción y el futbol.

Entre las propuestas destacaron figuras como el Kraken, luchadores, el personaje de “It” y un estadio de futbol. Cada participante tuvo libertad para elegir la temática, el tamaño y los materiales adicionales de su creación.

Una tradición para compartir en familia

La elaboración de las calabazas reunió a padres, hijos, abuelos, tíos y primos, quienes encontraron en la actividad una oportunidad para convivir y crear juntos. Para algunas familias, la experiencia también incluyó preparar pay de calabaza y dorar las pepitas como parte de las actividades de temporada.

Con cinco ediciones realizadas, el concurso se ha convertido en una fecha especial para la comunidad escolar. “Esto ya no es una tarea, es una tradición familiar”, expresó uno de los padres participantes.

Durante la exposición, las familias recorrieron las piezas, reconocieron el esfuerzo detrás de cada propuesta y compartieron un espacio en el que la convivencia tuvo mayor importancia que la competencia.

Creatividad con un propósito educativo

En el Colegio Amauta de Landázuri, el tallado de calabazas forma parte de una visión educativa que busca estimular la creatividad, fortalecer la seguridad de los estudiantes al presentar sus ideas y promover la convivencia familiar.

La evaluación consideró aspectos como la técnica, la creatividad y los valores. El jurado estuvo integrado por distintas personalidades, entre ellas representantes de la Secretaría de Educación Pública y el cónsul de Perú. En algunos casos también se solicitaron fotografías del proceso para conocer la participación de cada integrante de la familia.

La exposición abrió sus puertas a la comunidad

La actividad no terminó con la premiación ni con el festejo de Halloween. Posteriormente, la escuela permitió que el público conociera las piezas elaboradas por las familias y se acercara al trabajo creativo de la comunidad escolar.

Así, una actividad de temporada se consolidó como un espacio de aprendizaje, participación y encuentro entre generaciones, además de reforzar los vínculos entre la escuela y las familias.

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